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Playa Girón
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Compañeros poetas, tomando en cuenta los últimos suceso en la poesía, quisiera preguntar me urge, ¿qué tipo de adjetivos se deben usar para hacer el poema de un barco sin que se haga sentimental, fuera de la vanguardia o evidente panfleto, si debo usar palabras como Flota Cubana de Pesca y «Playa Girón»? Compañeros de música, tomando en cuenta esas politonales y audaces canciones, quisiera preguntar me urge, ¿qué tipo de armonía se debe usar para hacer la canción de este barco con hombres de poca niñez, hombres y solamente hombres sobre cubierta, hombres negros y rojos y azules, los hombres que pueblan el «Playa Girón»? Compañeros de historia, tomando en cuenta lo implacable que debe ser la verdad, quisiera preguntar me urge tanto, ¿qué debiera decir, qué fronteras debo respetar? Si alguien roba comida y después da la vida, ¿qué hacer? ¿Hasta donde debemos practicar las verdades? ¿Hasta donde sabemos? Que escriban, pues, la historia, su historia, los hombres del «Playa Girón»
(1969)
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Por todo espacio, por todo tiempo
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Cuando se duerman y sientan en sueños que tocan a la puerta como pidiendo entrar, no se molesten, que acaso es mi sombra que vaga algunas noches buscando qué cosa amar. Son a veces las seis, y cuando sale el sol yo me lo encuentro y lo saludo por aquí, por allá, por mañana, por hoy, por todo espacio, por todo tiempo. Quién me halle entonces me quitará frío y no vale la pena malgastar el calor: soy distraído y mal agradecido y mi frío se pega y yo no sé, mas da dolor. Son a veces las seis, y cuando sale el sol yo me lo encuentro y lo saludo por aquí, por allá, por mañana, por hoy, por todo espacio, por todo tiempo. Cuando yo pase y les toque a la puerta, se entierran en la arena como el avestruz. Dejen que pase mi mala silueta con su cañón despierto y su velocidad de luz. Son a veces las seis, y cuando sale el sol yo me lo encuentro y lo saludo por aquí, por allá, por mañana, por hoy, por todo espacio, por todo tiempo.
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Las ruinas
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Los caldeos, los asirios, la Roma del poder supieron resumir mejor; lo helenos, los egipcios, los hijos de Israel ya estaban conversado del amor. Hubo templos y ciudades sólo para adorar el culto del alma y la piel; hubo diosas seductoras y bosque para amar, y hasta la guerra hubo por una mujer. ¿Qué te podría decir desde hoy? ¿Qué ceremonia podría venerar? Siglos pesados como coliseos aplastan cualquier invención. Hay piedras, hay ruinas oyéndome hablar, oyendo decir: te amo, te amo. Palabras que han cruzado el desierto entre dos, circundaron la tierra y volvieron del sol: ...te amo, te amo... Después de pasado tanto, no puede importar que ponga un dedo en el amor; que me guste observarte a través del cristal de un vaso dibujado con color. Es lo que nos han dejado. Me debo conformar con la simpleza de querer: me dedico a poner flores alrededor de ti y palmo a palmo a bendecir tu piel. El siglo XX no da tiempo a más: en su corriente se ahogan las ruinas. Mas el torbellino se para a momentos, y hay calma y hay contemplación. Entonces las ruinas pueden escuchar, pueden sonreír: te amo, te amo... Cuelgan de las palabras sargazos del mar. Son cristales de la nieve y sabor de la sal. ...te amo, te amo... Del polvo de las ruinas se levanta el amor: polvo que se respira y de nuevo voló.
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Ojalá
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Cuenta Silvio: «Ojalá yo la compuse a una mujer que fue, podríamos decir, mi primer amor. Fue un amor que tuve cuando estuve en el ejército, haciendo mi servicio militar. La conocí cuando tenía 18 años, fue mi primer amor importante en el sentido de que fue el primer amor que me enseñó cosas. Era una muchacha mucho más evolucionada que yo, mucho más inteligente, más culta. Me enseñó, por ejemplo, a César Vallejo. Después nos tuvimos que separar, estaba estudiando medicina y en fin, no le cuadró. No sé por qué estudió medicina, cosa loca de ella, en realidad siempre fue de letras. Después estudió letras, se fue a su pueblo Camagüey, a estudiar eso y yo me quedé solo aquí en la La Habana, totalmente desolado. Pasaron los años y el recuerdo de aquel amor tan bonito, tan productivo, tan útil (ojo, no confundir con utilitario), enriquecedor, de aporte a uno... pues, estaba obsesionado yo con esa idea. Y porque fue un amor frustrado, tronchado por las circunstancias, por la vida, no fue una cosa que se agotara, pues se me quedó un poco como un fantasma y por eso compuse esta canción en un momento quizás de delirio, de arrebato, de sentimiento un poco desmesurado: ojalá esto, ojalá lo otro...»
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Ojalá que las hojas no te toque el cuerpo cuando caigan para que no las puedas convertir en cristal. Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo. Ojalá que la luna pueda salir sin ti. Ojalá que la tierra no te bese los pasos. Ojalá se te acabé la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta. Ojalá pase algo que te borre de pronto: una luz cegadora, un disparo de nieve. Ojalá por lo menos que me lleve la muerte, para no verte tanto, para no verte siempre en todos los segundos, en todas las visiones: ojalá que no pueda tocarte ni en canciones Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda. Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz. Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado. Ojalá que el deseo se vaya tras de ti, a tu viejo gobierno de difuntos y flores.
(1969)
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Resumen de noticias
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He estado al alcance de todos los bolsillos porque no cuesta nada mirarse para adentro. He estado al alcance de todas la manos que han querido tocar mi mano amigamente. Pero, pobre de mi, no he estado con los presos de su propia cabeza acomodada, no he estado en los que ríen con solo media risa, los delimitadores de las primaveras. No he estado en los archivos ni en las papelerías y se me archiva en copias y no en originales. No he estado en los mercados grandes de la palabra, pero he dicho lo mío a tiempo y sonriente. No he estado enumerando las manchas en el sol pues sé que en una sola mancha cabe el mundo. He procurado ser un gran mortificado para, si mortifico, no vayan a acusarme. Aunque se dice que me sobran enemigos, todo el mundo me escucha bien quedo cuando canto. Yo he preferido hablar de cosas imposibles porque de lo posible se sabe demasiado. He preferido el polvo así, sencillamente, pues la palabra amor aún me suena hueco. He preferido un golpe así, de vez en cuando, porque la inmunidad me carcome los huesos. Agradezco la participación de todos los que colaboraron en esta melodía. Se debe subrayar la importante tarea de los perseguidores de cualquier nacimiento. Si alguien que me escucha se viera retratado, sépase que se hace con ese destino. Cualquier reclamación que sea sin membrete. Buenas noches, amigos y enemigos.
(1970)
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Debo partirme en dos
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No se crean que es majadería. Que nadie se levante aunque me ría. Hace rato que vengo lidiando con gente que dice que yo canto cosas indecentes. Te quiero, mi amor, no me dejes solo. No puedo estar sin ti mira que yo lloro. ¿No ven?, ya soy decente: me fue fácil. Que el público se agrupe y que me aclame. Que se acerquen los niños, los amantes del ritmo. Que se queden sentados los intelectuales. Debo partirme en dos. Unos dicen que aquí, otros dicen que allá y sólo quiero decir, sólo quiero cantar y no importa la suerte que pueda correr una canción. Unos dicen que aquí, otros dicen que allá y sólo quiero decir, sólo quiero cantar, y no importa que luego me suspendan la función. Yo también canté en tonos menores. Yo también padecí de esos dolores. Yo también parecía cantar como un santo. Yo también repetí en millones de cantos: Te quiero, mi amor, no me dejes solo. No puedo estar sin ti mira que yo lloro. Pero me fui enredando en más asuntos y aparecieron cosas de este mundo: «Fusil contra fusil», «La canción de la Trova»; y «la era pariendo» se puso de moda. Debo partirme en dos. Unos dicen que aquí, otros dicen que allá y sólo quiero decir, sólo quiero cantar y no importa la suerte que pueda correr una canción. Unos dicen que aquí, otros dicen que allá y sólo quiero decir, sólo quiero cantar, y no importa que luego me suspendan la función. Yo quería cantar encapuchado y después confundirme a vuestro lado aunque así no tuviera amigos y citas y algún que otro favor de una chica bonita. Te quiero, mi amor, no me dejes solo. No puedo estar sin ti mira que yo lloro. No voy a repetir ese estribillo. Algunos ojos miran con mal brillo y estoy temiendo ahora no ser interpretado: casi siempre sucede que se piensa algo malo. Debo partirme en dos. Unos dicen que aquí, otros dicen que allá y sólo quiero decir, sólo quiero cantar y no importa la suerte que pueda correr una canción. Unos dicen que aquí, otros dicen que allá y sólo quiero decir, sólo quiero cantar, y no importa que luego me suspendan la función.
(1969)
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Al final de este viaje en la vida
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Al final de este viaje en la vida quedarán nuestros cuerpos hinchados de ir a la muerte, al odio, al borde del mar. Al final de este viaje en la vida quedará nuestro rastro invitando a vivir. Por lo menos por eso es que estoy aquí. Somos prehistoria que tendrá el futuro, somos los anales remotos del hombre. Estos años son el pasado del cielo; estos años son cierta agilidad con que el sol se dibuja en el porvenir, son la verdad o el fin, son Dios. Quedamos los que puedan sonreír en medio de la muerte, en plena luz. Al final de este viaje en la vida quedará una cura de tiempo y amor, una gasa que envuelva un viejo dolor. Al final de este viaje en la vida quedarán nuestros cuerpos tendidos al sol como sábanas blancas después del amor. Al final del viaje está el horizonte, al final del viaje partiremos de nuevo, al final del viaje comienza el camino, otro buen camino que seguir descalzos contando la arena. Al final del viaje estamos tu y yo intactos. Quedamos los que puedan sonreír en medio de la muerte, en plena luz.
(1970)
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Jerusalén, año cero
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De mano en mano se pasa la verdad y en cada mano olvidará algo de cierto y también se llevará de cada mano el parecer. Si camináramos calendario atrás, todo estaría al revés.
Algunos dicen que es falso y otros repiten que es cierto, que entró en Jerusalén siendo de día, se dice que su túnica era blanca, que iba posada en sus ojos un ave del mediodía.
Aquel fue tiempo de tumbas, aquel fue tiempo de flautas, de mercaderes, de Legión Romana. Se dice que la chusma lo seguía que en su palabra sencilla se lavaba la mañana.
El Rey de los judíos, el hijo de los hombres, El Cristo, El Nazareno lo llamaban.
Jerusalén año cero y se cambió la suerte con lo que pasó. Jerusalén, año cero y Nazaret y el caserío de Belén. Jerusalén año cero fue el lugar donde ocurrió, o donde no.
Fue enemigo del Imperio y amigo de la palabra, decía que todo era para todos: se dice que enseñaba a los pastores a compartir las ovejas y a cuidarse de los lobos.
Tanta enseñanza hizo ruido en el poder de los templos y en la madera lo clavaron recio. Se dijo que por mago o hechicero, pero si la historia es cierta fue porque hiciera silencio.
El Rey de los judíos, el hijo de los hombres, El Cristo, El Nazareno lo llamaban.
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Historia de las sillas
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En el borde del camino hay una silla la rapiña merodea aquel lugar. La casaca del amigo esta tendida el amigo no se sienta a descansar. Sus zapatos de gastados son espejos que le queman la garganta con el sol y a través de su cansancio pasa un viejo que le seca con la sombra el sudor.
En la punta del amor viaja el amigo en la punta más aguda que hay que ver. Esa punta que lo mismo cava en tierra que en las ruinas, que en un rastro de mujer. Es por eso que es soldado y es amante es por eso que es madera y es metal es por eso que lo mismo siembra rosas que razones de bandera y arsenal.
El que tenga una canción tendrá tormenta el que tenga compañía, soledad. El que siga un buen camino tendrá sillas peligrosas que lo inviten a parar. Pero vale la canción buena tormenta y la compañía vale soledad siempre vale la agonía de la prisa aunque se llene de sillas la verdad.
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Cuando digo futuro
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Te convido a creerme cuando digo futuro si no crees mi palabra, cree en el brillo de un gesto Cree en mi cuerpo, cree en mis manos que se acaban.
Te convido a creerme cuando digo futuro si no crees en mis ojos, cree en la angustia de un grito cree en la tierra, cree en la lluvia, cree en la savia.
Hay veinte mil nuevas semillas en el valle desde ayer. Hay restos de desesperados, hay el hombre y la mujer. Los fierros se fundieron ya hay paciencia hay que dar más.
Hay un país en rocas y ruinas bajo otro país de pan hay una madre que camina codo a codo con su clan.
Los fierros se fundieron ya hay paciencia hay que dar más.
Hay cuatro niños ahora mismo sonriendo en una plaza y en las trastienda de una bala un militar que no ha dormido
Y aquella linda muchachita vuelve a recortar su saya sí es importante desde un niño hasta el largo de un vestido.
Los fierros se fundieron ya hay paciencia hay que dar más.
Yo te convido a creerme cuando digo futuro.
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Me veo claramente
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Me veo claramente mascando un pedazo de hierba me veo claramente muy sucio y feliz me veo descubriendo descalzo un buen río de plantas ahogadas me veo claramente lejano de aquí me veo claramente haciendo preguntas que ya conocía con indiferencia ante el ya crecerás me veo claramente tan aventurero hecho un asesino de azúcar y pan me veo claramente si miro detrás
Me veo claramente en la mano de una noche lugar de aprenderme con miedo y paciencia lo que era el amor me veo apretado al calor de unas piernas tragando del aire un planeta tras otro bañado en sudor me veo semi alzado en la luz de esa hora riéndole al techo, riéndole a ella riéndome a mí me veo claramente tan digno de amantes y breves países de felicidad me veo claramente me veo claramente si miro detrás
me veo claramente marchando a campañas de guerra entre todo y yendo tras guerras privadas también me veo claramente la primera noche con una guitarra tan pálidamente como cuando fue la primera mujer
Me veo tan atento a los ruidos internos feliz tristemente queriendo de veras ser mucho mejor me veo claramente buscando palabras que sepan dar vida y dar muerte al amor me veo claramente me veo si miro a mi alrededor
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La primera mentira
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Cuando estuve en un bosque encantado noté con asombro que una piedra me cantaba con modulaciones y con timbres de tenor.
Debajo de la piedra vi a un sapo invernando y supe que era el sapo el que cantaba y seguí buscando maravillas que saber.
Quería una princesa convertida en un dragón, quería el hacha de un brujo para echarla en mi zurrón, quería un vellosino de oro para un reino, quería que Virgilio me llevara al infierno, quería ir hasta el cielo en un frijol sembrado, y ya.
De lejos vi una fuente que brillaba y corrí hacia ella, pues tenía aguas de oro: era inconfundible aquel color como miel.
El sol se reflejaba en la fuente abandonada y supe que era el sol el que brillaba desilusionado por dos veces me alejé.
Quería una princesa convertida en un dragón, quería el hacha de un brujo para echarla en mi zurrón, quería un vellosino de oro para un reino, quería que Virgilio me llevara al infierno, quería ir hasta el cielo en un frijol sembrado, y ya.
Después de mil fracasos como estos me sentí muy tonto: nos habían engañado; y me fui a buscar al primer hombre que mintió.
Caminé los caminos, recorrí los recorridos, pero cuando hallé al culpable hecho un mar de lágrimas, al verme, me pidió:
Yo quiero una princesa convertida en un dragón, yo quiero el hacha de un brujo para echarla en mi zurrón, yo quiero un vellosino de oro para un reino, yo quiero que Virgilio me lleve al infierno yo quiero ir hasta el cielo en un frijol sembrado y ya.
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Cierta historia de amor
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Yo era un muchacho tranquilo Hasta que di con mi sueño más dorado Que era una mujer algo mayor que yo Ella tenía 35 y yo 18 para mi favor (Favor dudoso)
Empezó por regalarme Dos camisas y un vestido Para que yo se los diera a mi mamá A eso le siguió una lluvia de pequeños regalitos para mí (Para mí entierro)
Hasta me froté las manos Cuando supe que vivía sola Desde que por fin se divorcio Y en su casa hice meriendas, comidas y desayunos hasta engordar (Casi reviento, como verán)
Lo tenía todo, y me puse ocioso Me pasaba el día de la lectura al amor ¿Qué quiere mi dueño? ¿Qué quiere mi encanto? Me decía con voz azucarada si me iba a mover
Mi amigos comentaban Que yo si eran un bárbaro del diablo Y la fama de conquistador nació Las pepillas me buscaban, yo me pellizcaba el brazo para ver (Si era soñando)
Aprendí, de un buen amigo A pegarle a mi mujer A llevar los pantalones, como es la tradición Y ella iba a mi trabajo, para sorprenderme en algo ilegal (Era normal)
Me di cuenta que las cosas Ya no estaban es su sitio Cuando me empezó a coser la ropa encima, al salir Después vino la algazara, las denuncias y los llantos al dormir (Y pasó el tiempo)
Decidí dejarla cuando una noche Desperté y la vi que se lanzaba sobre mí Con unas tijeras de podar sus matas Mientras me juraba que no iba a ver a otra mujer jamás
Me puse las botas y salí corriendo Entre amenazas que no puedo repetir Me puse las botas y salí corriendo Sin sueños dorados, pero a salvo el honor
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Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol
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Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol Hoy quisiera estrechar mi ciudad sumergida Boca de los corales, alma de las esponjas Dureza de las piedras que se encuentran a veces Ojos de las estrellas de mar y los peces
Hoy te quiero cantar más allá Más allá de donde ha de llegar la canción
¿Cómo voy a cambiarle el color a una ola? ¿Qué se puede querer, si todo es horizonte? ¿Qué le voy a enseñar a la suma del viento? ¿Qué le puedo objetar a una noche estrellada Con mi vela amarilla y mi proa emparchada?
Hoy te quiero cantar más allá Más allá de donde ha de llegar la canción
Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol Cada rizo del suelo es un sueño contado Algo como un recuerdo, una imagen, un beso Y en la espalda del día se queda ese algo Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol
Hoy te quiero cantar más allá Más allá de donde ha de llegar la canción
(1969)
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Un barco sigue el mundo
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Lo primero del mar es partir, dejando en el borde toda prisa. Después viene, lenta, la soledad de cada hierro a la luna, la soledad que lleva el hombre vestido, la soledad de cada vena del barco.
-¿Dónde estará?-, dicen que todos los ojos, muy a pesar del juego y la sonrisa, surcando un tono extraño de los gritos. Y recostado al mar, como única mujer, un barco sigue al mundo.
Lo segundo es el miedo a la noche, a la noche marina bellísima, mientras sobre cubierta la soledad hace masacre sin tregua, la soledad se sube al puente y golpea, la soledad llueve de popa a proa.
Se deja atrás el próximo futuro, la posibilidad de no ser padre, la guerra azul temblando en la palabra. Y recostado al mar, como única mujer, un barco sigue al mundo.
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Fábula del océano
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Sobre el océano volaba una chispa de carbón. Era una chispa pequeña, un pajarito veloz.
Era una de esas aves que cogen mar por volar y que se pierden adentro y no saben regresar.
Pero vio un barco pasando y sobre el barco voló. Buscando allí compañía en su metal se posó.
Y vio cien sombras, partidas cada una por su mitad: una mitad en la tierra, otra mitad en el mar.
Sobre el océano volaba una chispa de carbón. Era una chispa pequeña, un pajarito veloz.
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Por el Trópico de Cáncer
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Por el trópico de Cáncer la guitarra luce azul y cargada de colores que semejan el pasado unas millas hacia el sur. La guitarra de un lagarto tiene ahora color de mar. Ha tenido otros colores, los colores que su dueño usa para navegar.
Y hacia el triángulo de Orión, dejando la estrella Polar, vuela esa caja de armonía universal. Nuevas historias ha de haber, nuevas tormentas sobre el mar, nuevos colores por tener, nuevas canciones navegadas que cantar.
En la tierra ha sido verde, como sangre junto al sol, y ha tenido un arcoiris de colores trashumantes cuando ha estado en el amor. Ojalá que la guitarra no se canse de este mar: se le ha visto algunas noches escondida de la gente, mirando con hambre el cielo, y hay que estarla vigilando para asirle la cintura el día que coja vuelo.
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Al cabo del mar
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Hoy, al cabo del mar, quisiera saber qué hiciste la noche en que no vi tu mano, qué hicieron tus libros y tu último espejo, qué hizo tu cuerpo soñado, cuando ya no estuve abriéndote luces de cientos de estrellas en cada palabra de amor descubierta hacia ti.
Qué cosa dijiste la última noche al nuevo silencio posado en tu almohada. Aprende a llevarme, que aún voy doblado por ti.
Hoy, al cabo del mar, quisiera saber qué píldora estuvo colmando tu sueño, qué filo cortó tu deseo de nombrarme, qué ala pensaste encontrar para alzar tanto peso y hacerlo tan fácil, como si mi abrazo se fuera a romper con volar.
Hay tanto recuerdo, hay tanto y con alas -alas que nos siguen al cielo, a la muerte-. Aprende a llevarme, que aún voy doblado por ti.
Hoy, al cabo del mar, quisiera saber si fue casualmente que hallaste al amigo que toda una tarde te vio recordando y así me lo dijo con voz de verdugo sublime, haciendo de un día de sol día de tumbas, maldita canción que olvidar.
Así quedó roto, por cuatro palabras, el ancho escondite que usé para huirte. Aprende a llevarme, que aún voy doblado por ti.
Hoy, al cabo del mar, no hay nada que hacer con esta distancia sin tiempo y espacio, con esta distancia tenaz, siempre cerca, con esta distancia de los pensamientos furiosos, tuyos, carniceros, que nunca reposan, que incendian las olas a golpes de viento y canción.
Ya no hay nada que hagamos que pueda alejarnos de la piel crecida entre nuestros cuerpos. Aprende a llevarme, que aún voy doblado por ti.
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El tiempo
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Naciste en un telar tu padre es tejedor tus hijos tejerán y el tiempo cae cae cae
Alguien tejió la sed usando hilo de mar y calma de mujer y el tiempo cae cae cae
Tejer es aprender a hilar y deshilar tejer es continuar y el tiempo cae cae cae.
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Acerca del amor
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Ahora nadie realmente me está escuchando, pero yo quiero hacerle una canción a mi amor. Como no he tenido amores duraderos, nadie va a pensar que estoy hablando de sí cuando diga cosas del abrazo, de las despedidas y los besos. El beso de que hablo se lo pude haber dado a mi guitarra.
Los rostros son como estaciones, pasan llenos de hojas amarillas, de soles ardorosos, de vientos arropados. Nadie tiene estaciones en su haber. Todo el mundo se queda bajo su piel caliente. El calor y la brisa retozan afuera, la verdad y la mentira retozan afuera, los proyectos de cielo, la paciencia del tiempo, una sombra en la que crees ver la luz, pero tanto la aurora como la cruz quedan afuera. Es aire que se respira y que se deja: se queda.
Heme aquí hablando al mismo ritmo de muchas direcciones, de mil oscuridades que han servido para emprender abrazos, sitios donde han rodado tantos cuerpos vacíos o plenos. Para qué describir el pelo del amor, si el pelo del amor cambia de forma. Para qué pronunciar los vanos trazos Conque a veces descubro el desconcierto. No digo, no hablo.
Yo no describo la risa del amor, pues si acaso dijera que su risa amanece en la buena penumbra de una calle desierta, que hay un sol sumergido en sus labios terribles, mis ojos fueran manos en la oscuridad, y no: son ojos, pese a todo son ojos mis ojos.
Mi amor existe y nunca se peina ni ríe ni mira. Es amor solamente. Sólo amor.
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23
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Tengo 23 rostros para verte tengo 23 manos que te tocan tengo 23 sueños reunidos en fila india. Tengo 23 años de distancia tengo 23 años de tamaño tengo 23 años de momentos de melodías y reloj
Ahora tengo 23 caracoles 23 buenos pretextos para hacerte compañía 23 caminatas sin saber dónde ir 23 voces mías diciendo "vivo cerca" 23 alegrías nuestra complicidad 23 llaves verdes abriéndonos la puerta -y mi casa que queda en la calle 23 tiene 23 siglos distintos que vivir- 23 divisiones de estrellas desfilando 23 sensaciones rompiendo las ventanas 23 pasadizos abiertos al delirio 23 mil pasiones en una sola cama 23 espejismos 23 agonías 23 deserciones 23 veces mía (si es posible por supuesto si es posible)
Las cábalas dirán horrores de mi número pero de pronto el 23 se me antoja de suerte para quien lleva 23 tiempos sobre sí (quien sabe si es acaso mi número de muerte)
23 es pedazos de piedras del amor 23 es el polvo que hay en las ventanas 23 un cristal bien ahumado para mirar al sol 23 es un rostro al espejo una mañana 23 sale el día 23 va la noche 23 23 23...
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Más de una vez
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Más de una vez me han echado a la calle por reír donde debo estar llorando, por llorar donde debo estar riendo, por callar donde debo estar hablando, por hablar donde debo estar callado, por hablar en voz baja de la fe, por hablar en voz alta del amor.
Más de una vez al año hago algo que no se puede hacer: pateo una piedra, levanto polvo que da deseos de toser. Me lleno entonces de optimismo, algo solamente quiero hablar, pero la piedra me cae encima y nunca puedo terminar.
Más de una vez me han echado a la calle por no sentir respeto por las flores, por derramar comida en los manteles, por darle de mi alcohol a algunos niños, por desnudar de prisa a mis mujeres. Más de una vez no tengo diversión: más de una vez no tengo invitación.
Más de una vez al año hago algo que no se puede hacer: pateo una piedra, levanto polvo que da deseos de toser. Me lleno entonces de optimismo, algo solamente quiero hablar, pero la piedra me cae encima y nunca puedo terminar.
Más de una vez me han echado a la calle por correr donde duermen los enfermos, por fumar en los palcos del teatro, por hacerle una mueca a mi maestro, por llevar la cicuta en el bolsillo desde que iba al colegio con un perro, desde que me rompían la cabeza por hablar demasiado del horror y decirle asesino a un pescador.
Más de una vez al año hago algo que no se puede hacer: pateo una piedra, levanto polvo que da deseos de toser. Me lleno entonces de optimismo, algo solamente quiero hablar, pero la piedra me cae encima y nunca puedo terminar.
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Elógio al horror
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Quién no tendrá una historia extraña entre los dedos, después de lejos (tela de araña bailando clara entre dos espejos).
Quién no tendrá una lenta maña de descubrir continentes viejos (ojo de brujo, pie de lagarto, voz sin consejo).
Cuántos hechizos y sortilegios se romperán en gotas de lluvia limpia, lavando el sol. Cuántos murciélagos y diablejos volarán lejos, buscando lunas frescas para el horror.
Quién no tendrá una casa en ruinas donde los átomos no penetren (muro de hiedra, vieja tortura, sueño de duende).
Hay que buscar una silla seca para el amor.
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Para el que tiene prisa
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Al ala izquierda de las voces, donde se pega el viento viejo al océano, va la mayor de las hermanas, va la mayor de las Antillas sin perdonarme ni un momento, sin dejar tiempo ni a una risa, cuando ya llevo un mes faltando a puerto.
Pero los días se hacen de rogar para el que tiene prisa por llegar.
No es que me espere una muchacha: me esperan todas las mujeres, de pronto. No es que me espere una calle: me esperan muchas muchas calles. No es que me espere algún amigo: me esperan todos los amigos, todo lo que se ve, todas las madres.
Pero los días se hacen de rogar para el que tiene prisa por llegar.
Me está esperando mucha tierra, me está esperando mucho tiempo sembrado. Me está esperando otra manera de despertar por las mañanas, de recorrer descalzo el suelo, de adormecerme por las tardes y de robarme por las noches sueño.
Pero los días se hacen de rogar para el que tiene prisa por llegar.
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Y mucho más que veremos viendo
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Edgar Allan Poe y yo hay rato que paseamos por los sueños, meditando. El vestido de levita y yo cantándole mis últimas canciones por los parques desolados (porque los sueños tienen parques desolados, y mucho más y mucho más que veremos viendo poco a poco).
Pues Edgar Allan Poe y yo, o Eddy, como yo lo llamo cariñosamente, conversábamos acerca de las flores venenosas, el opio y los puñales de las tribus de thuaregs (porque en los sueños se ven cosas todavía, y mucho más y mucho más que veremos viendo poco a poco).
A veces caminamos hasta Nueva Zelandia o hasta sitios en el Brasil donde se cazan buenas cabezas. Otras, vamos a Grecia con los contrabandistas, o bajamos al Maelstrom por deporte, por decirlo así.
Pero Eddy y yo tuvimos que dejar de vernos, lamentablemente. Fue cuando conocí a Lady Ligeia.
La muerta me observaba demasiado y me gustaba. Sus ojos parecían mirar de más allá de donde miran los ojos comúnmente, y no noté que Eddy enfurecía. La muerta me miró hasta que desaparecieron para siempre (porque hay cosas como ésta hasta en los sueños, y mucho más y mucho más que veremos viendo poco a poco, que veremos viendo poco a poco).
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La cosa está en...
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La cosa está en hallarlo a usted el día menos pensado, en cualquier sitio, casualmente, donde usted y yo podamos ver a cuatro manos los alrededores. La cosa está en lo improbable, en lo difícil, en lo imposible. La cosa está allí mismo, donde no debiera estar: un paso más allá que el largo de las manos.
La cosa está en que un día haya tiempo para todo: para hablarnos sin apuros, para compartir rocíos, para ser fin de semana como si vivir fuera tiempo libre, espacio para estar. La cosa está en las cosas que yo sé y que usted no sabe, y en las cosas que usted sabe, y yo no sé todavía, y en los sueños que nos faltan para realizar nuestros sueños, que son sueños de canción.
La cosa está en no enloquecer, en no aceptar, en preguntar para qué sirven todos los juguetes que nos han dado guerra desarmándolos y armándolos.
La cosa está en que no queda remedio inteligente que no sea usar las piezas que hay en los rompe-caminos, e ir tirando por ahora, aunque más allá persistamos en crear nuestra canción con las piezas que queramos construir, que serán igual.
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El universo es un rastro de hierros
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Parece que las cosas nunca se ponen en su sitio, pues solo cambian de lugar por un tiempo limitado. Cuando etán mucho rato en el mismo rincón, cogen moho debajo y les salen arañas y les salen culebras y bichos peligrosos.
Por eso hay ese lleva y trae por todos lados. Por eso el universo es un rastro de hierros, lleno de hormigas que no duermen y trabajan, que pujan, levantan y llevan, que vuelven a pujar lo mismo.
Parece que las cosas nunca se ponen en su sitio.
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Elogio del pecado
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Como la espuma te me subes por la cara como la espuma roja de un vaso de vino como una espuma que el recuerdo hace hervir como una espuma escandalosa es recordar.
Yo me delato cuando estoy pensando en ti.
Como espuma de vino suben bajan entran y salen pecados sin dejar rincón seco donde sentarse.
Pero no cambio lo mejor por un pecado pecar es ser capaz de comprenderlo todo de ver la tierra sin usar una astronave pecar es ser capaz de dar un paso más.
Yo peco tanto cuando estoy pensando en ti.
Toda mi ropa está manchada por tu vino y no vale que la mande a limpiar pues la humedad regresa.
Tu vino no se cae.
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Cleopatra
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Resbalando los dedos por el agua, al pie de su ciudad vieja y caída, sin esclavos ni antonios, junto al Nilo vi un día a Cleopatra compungida.
Qué puede hacer un trovador entonces sino inmediatamente enamorarse, cantar una canción, hablar un poco, tratar de hacerse ver: fingir ahogarse.
Por más que quise hacer menos salía; canté y hablé quizas exagerando, pero ningún sonido le alzó el rostro y comprendí lo que estaba pasando.
Sucedía que la reina y el paisaje que yo creía ver, había sido la húmeda versión que me dio el rio puesto que me encontraba sumergido.
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Hace no sé qué tiempo ya
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Hace no sé que tiempo ya que no le digo a alguien te quiero. Qué estraño es todo por donde he estado. Qué días más lejos del amor.
Hace no sé que tiempo ya que tengo un sobre engavetado porque le temo, y yo no sirvo para sentir cosas así.
Nunca he servido para lo que me ha tocado, desde que no sé qué causa te alejó. Puede que fuera causa mía, pero quién recuerda causas cuando el tiempo es más dolor.
Mis labios se han endurecido para decir palabras bellas. Qué duro es todo lo que yo digo. Qué suave todo lo que sueño.
Hace no sé que tiempo ya que estoy sentado maldiciendo, sumando noches, restando sueños, maldito por mi maldición.
Hace no sé que tiempo ya...
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El calendario
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El calendario antiguo dio una vuelta de un mes de diferencia. Nada grave ha pasado no se asusten de un mes de diferencia. Pues nadie va a morirse es sólo el tiempo de un mes de diferencia. Por ejemplo: lo que antes era octubre hoy es noviembre simplemente. A nadie ha envejecido el calendario de un mes de diferencia. ¿Quién puede envejecer por una vuelta de un mes de diferencia? Sigamos a la mesa la familia de un mes de diferencia. Por ejemplo: lo que antes era octubre hoy es noviembre simplemente. Los niños dejen quieto el calendario de un mes de diferencia. Nadie se asombre al ver un calendario de un mes de diferencia. Ojo al que ponga un pero al calendario de un mes de diferencia. Por ejemplo: lo que antes era octubre hoy es noviembre simplemente.
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Marcha de la rueda
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Hagamos una rueda una bandada de locos sin colmillos un coro de solitarios y de tristes una fanfarria de genios indispuestos una horda primitiva con camisas
¿porqué no hacemos algo que tenga que ver? ya estoy cansado de cansarme de cantar
Hagamos una rueda los que se comen las uñas en la clase los que montan a los trenes sin boleto los que rompemos cristales a pedradras los que pellizcan a todas las mujeres
hagamos una rueda en L y 23 a ver si la gente se embulla a no vagar
Hagamos una rueda y vamos a recoger a los que bostezan y vamos a incorporar a los papagayos y vamos a darles cuerda por un siglo
hacer una rueda sale muy barato y los tacaños no se tiene que asustar sólo tenemos que salir juntos de aquí
hagamos una rueda o acaso una ruedita como una semillita
¿eh? ¿eh?
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Corro el riesgo
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Por el día en el peligro de olvidar; por la noche me amenaza tu recuerdo extraño. Corro el riesgo de negarme a ver el día o la noche -corro el riesgo de querer dejarme ciego-.
Esto pasa diariamente, aunque estoy acostumbrado a todo hace mucho tiempo, demasiado tiempo.
Por el día me entretengo en no pensar en ti; por la noche me acorralan el temor, los años. Corro el riesgo de empezar a imaginarme parques -corro el riesgo de querer dormir sin tener sueño-.
Esto pasa diariamente, aunque estoy acostumbrado a todo hace mucho tiempo, demasiado tiempo.
Por el día tengo miedo de no respirar; por la noche tengo miedo de quedarme quieto. Corro el riesgo de que un día se demore el alba -corro el riesgo de que el miedo se me duerma adentro-.
Esto pasa diariamente, aunque estoy acostumbrado a todo hace mucho tiempo, demasiado tiempo.
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Las mujeres de los individuos
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Las mujeres de los individuos que hacen poesía, las mujeres de los individuos que hacen la canción, deben aburrirse de decir que sí, que siempre es bueno todo lo que hacen sus maridos. ¿Es que no se habrán puesto a medir cuántas veces han hecho creer que se ha dicho una cosa genial cuando ha sido algo más del motón, que hasta un niño ha podido decir?
Pero todas las mujeres de los individuos que hacen poesía, las mujeres de los individuos que hacen la canción, dan el visto bueno a cada frase, a cada coma, dan el visto bueno a la armonía -aunque no sepan nada de eso, aunque nunca hayan ido a la escuela, aunque sus gustos sepan muy mal-, pero lo que resulta peor es que sus maridos asienten.
Por eso las mujeres de los individuos que hacen poesía, las mujeres de los individuos que hacen la canción, son los soldados más desconocidos de la historia.
Esto, para que ninguna venga luego a reclamar. Así que no se inhiban: ya cualquiera puede ser mi mujer.
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El circo
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Acompañado de una larga lista por saber, con la frescura de un primer día de colegio, salió otra vez de la mano de la casa en que nació: las vacaciones estaban siendo un golpe de la luz.
Tocaba puertas recogiendo amigos, acompañaba a las niñitas solas, cortaba flores y las ofrecía con un pie al aire, sonriendo siempre.
Cantando musiquitas dulces, de esas que no se escuchan ya, apareció gritando un circo que se instaló cerca de allí, lleno de luces y colores, magos y mucha diversión.
Pero en la lista de cosas que tenía que aprender no figuraban los circos por ninguna parte, y sin que nadie lo viera sacó un lápiz, anotó, y puso circo con letras de poner inicial.
Con el dinero para la merienda compró un helado y una rosca dulce, dando brinquitos se metió en la carpa que parecia una mamá muy grande.
Cantando musiquitas dulces, de esa que no se escuchan ya, pudo saber que su maestra no le enseñó cierta canción, y que la vida no cabía ni en veinticinco listas más.
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Me sonaba la nariz
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Una vez, muchas veces, casi siempre, se daba un banquete, se develaba un busto, se intercambiaban relaciones históricas, se grababa una mano en el cemento -sucedían cosas inolvidables a montones-, todo era muy solemne, y entonces yo me sonaba la nariz. De pronto todos me miraban como si fuera algo muy raro necesitar hacer la cosa más común. Y yo guardaba mi pañuelo tímidamente en el bolsillo, agradeciéndole a la gripe la ocasión.
Una vez, muchas veces, casi siempre, he podido saber que las necesidades no suelen observar la misma etiqueta que la gente acostumbra a practicar (y en este sentido puede ser útil una gripe). Desde entonces, cuando estoy entre camellos, un segundo antes de decir adiós me sueno la nariz. Y, desde luego, todos miran como si fuera algo raro necesitar hacer la cosa más común. Entonces guardo mi pañuelo tímidamente en el bolsillo, agradeciéndole a la gripe la ocasión.
Observación: Si no se tiene gripe a mano, aunque es muy fácil conseguirla, nada más simple que un ladrillo y a correr. Pero se advierte que el efecto no va a ser descalabrante como sonarse la nariz diciendo adiós.
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Los pájaros
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Como todo el mundo, una vez yo tuve un amor que, como dice Pablo, era como un manantial. Pero yo era aventurero y di con otra mujer, y puse a un lado mi pájaro porque había cien volando sobre mí.
Qué viejo error: siempre se acaba llorando, cantando cosas muy tristes. Como si fuera bonito usar dolor tan gastado y tan terco, pese al tiempo.
Hoy con cien anécdotas yo pudiera ilustrar cómo la aventura no siempre acaba feliz, aunque, por supuesto, no hay regla sin excepción. Cuando menos, recomiendo se asegure un pajarito antes de ir a merodear los cin mil que estén volando.
Pero cierren bien la jaula, que los pájaros se sueltan y el primero es el que canta la palabra, la belleza.
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Los cazabrujas de dores
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(Primer Acto) Los cazadores salen, los cazadores bailan, los cazadores sueñan con un planeta de brujas por quemar. Los cazadores miran, los cazadores buscan, los cazadores prenden una candela para salvar a Dios.
(Segundo Acto) Ahora sale una niña bien correcta, y aunque la niña se ha cortado las trenzas, los cazadores tiemblan ante aquella belleza. Pero uno tiene cara de aberrado y grita dónde está su cinturón de castidad, y se le tiran para quemarla en la hoguera -por brujita-, para quemarla en la hoguera -pobrecita-, para quemarla en la hoguera -ay-.
(Tercer Acto) Pero entra nuestro héroe seguido de una pila de mujeres que le dicen canciones y poemas, viejos, niños, todos agradecidos. El héroe está a la moda: pantalones con pliegues, zapatos de dos tonos, la patilla cortada y el pelito bien corto. Y se ríe al ver los cazadores con sus pelos tan largos y sus mallas estrechas, arrastrando a la niña a morir en la hoguera en nombre de Dios.
Entonces los cazadores enfurecidos sueltan a la niña y se abalanzan sobre nuestro héroe que ya espera en guardia y desarmado. Nuestro héroe se mueve rápido, esquiva los espadazos y responde con sus puños limpios y les da: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez piñazos bien dados, y todos se derrumban.
Mientras todos lo aclaman como es natural, va y recoge a la niña que ya está desmayada, de un beso la despierta, y se van muy felices, sabiendo que no quedan cazadores de brujas.
(Tercer Acto) Los cazadores salen, los cazadores bailan, los cazadores sueñan con un planeta de brujas por quemar. Los cazadores miran, los cazadores buscan, los cazadores prenden una candela para salvar a Dios.
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Érase que se era
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Eramos una vez un grupo de nueve o diez que coincidía cada noche: una suerte de sueños que hacían cuadrilla, unos buenos muchachos riendo juntos. Érase que se era una vez...
Por esa época se amaba tanto, qué sé yo: ¡qué época tanta de amores! Desfilábamos juntos, se hacían poemas, y las calles que buenos gustos tenían. Érase que se era una vez...
De uno en fondo pasábamos por la misma canción: era uno, eran dos, eran tantos qué sé yo, pero era bonito mirarnos, vernos sufrir. Érase que se era una vez...
Era imposible pasar un sólo día sin morir, sin gritar, sin reír, sin comprender, sin amar. Qué desastre de gente que no podía estar en paz. Érase que se era una vez...
Yo no sé si fue el tiempo que lo vuela todo, o si fuimos nosotros detonando el tiempo, pero nos fragmentamos como una granada. Érase que se era una vez...
Yo no sé si ha llovido una lluvia que moje cada esquirla en el sitio en que haya caído, si hay guardada una tarde común en el tiempo. Érase que se era una vez...
Yo no sé si ha servido de algo o de nada que haya habido pasado y que quede recuerdo. Yo no sé si mañana pensaré lo que hoy vivo. Érase que se era una vez...
(1969)
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Los muertos y los vivos
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Muy buenos días en primer lugar, si es de día. Muy buenas noches en primer lugar, si es de noche. Muy buena vida en primer lugar, si es de vida. Muy buena muerte en primer lugar, si es de muerte. Buenos días, si se mira al cielo y se ve claridad. Buenas noches, si se mira al cielo y se ve oscuridad. Buena vida, si detrás del espejo hay un nombre. Buena muerte, si detrás del espejo hay un hombre.
Pueden oír la radio, leer el diario, vestir de nuevo, tener dinero, dormir de noche, lavar un coche, casarse un día, ir en tranvía, hablar de tiempo, sentir el viento:
los muertos saben tanto de la vida como yo.
Muy buenos días en primer lugar, si es mañana. Muy buenas noches en primer lugar, si es mañana.
Muy buena vida en primer lugar, si es mañana. Muy buena muerte en primer lugar, si aún es hoy. Buenos días, si se mira hacia el cielo que no es de día ya. Buenas noches, si se mira hacia el cielo que no es de noche ya. Buenas vida, si detrás del espejo no hay nadie. Buena muerte, si detrás del espejo está el aire.
Pueden sentir olores, cambiar colores, volar al cielo, hablar del hielo, dormir flotando, cantar cantando, amar con todos, viajar en globo, hacer un puente, saberse gente:
los vivos saben tanto de la muerte como yo:
los muertos saben tanto de la vida como yo.
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Has de saber mi nombre
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Para amarme con la fuerza que yo necesito con la fuerza de todo el amor para odiarme con la fuerza que yo necesito con la forma más fiera de odiar has de saber mi nombre sólo saber mi nombre.
Yo me llamo semilla cuando la tierra exige un hijo más yo me llamo rocío cuando la noche es seca y tiene sed yo me he llamado compañía yo me he llamado intensidad pero por fuerza de costumbre me llamo bala casi siempre.
Para amarme con amor frente a viento y marea con amor que se puede tocar para odiarme con el odio que más se recrea -con el odio que apaga la luz- has de saber mi nombre sólo saber mi nombre.
Yo me llamo llovizna si hay melancolía que vivir yo me llamo saludo cuando la ausencia estorba caminar yo me he llamado poesía yo me he llamado una canción pero por fuerza de costumbre me llamo bala casi siempre.
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Como todo el mundo
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Yo hablo sencillo como todo el mundo. Puedo repetir, si hay alguien que no ha entendido bien.
Me gusta enamorarme, y, como todo el mundo, salgo por la puerta que da al fondo de las casas. Procuro no pisar flores, cruzo por las esquinas de la calle y saludo si me quieren saludar. No tengo aún despertador, pero ya lo tendré -mientras que me despierten los vecinos-. Debajo de la almohada no escondo armas de hielo que ni en sueños he aprendido a disparar.
Yo hablo sencillo, como todo el mundo. Puedo repetir, si hay alguien que no ha entendido bien.
Me gusta casablanca, tambien el chocolate y fumar cuando termino de comer. Me gusta la cerveza fría, que no haya ruido si trabajo y aún me gustaría patinar. Prefiero andar en ropa de la calle, porque así puedo juntarme a las aceras mejor. Me gustan las peliculas de Bergman, los poemas de Vallejo y las canciones de Pablo Milanés.
Yo hablo sencillo, como todo el mundo. Puedo repetir, si hay alguien que no ha entendido bien.
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Josáh, la que pinta
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Sucedió que una vez, hace tiempo, hubo un militar y el ejército fue una cadena de descubrimientos. No podía perderse un amanecer, pues la diana era antes que la claridad y se hizo costumbre una forma distinta de ver.
Sucedió que una noche llegó al universo Josáh, como una aparición de figuras en el sentimiento. Vino de la ciudad donde viven los magos y llegó con el alma colgada del cinto, sin saber que un soldado en el pecho no tiene fusil. Encantó, revolvió, disgregó los aplomos, puso tiendas gitanas en todos los templos y era solo una niña jugando a persona mayor.
"Josáh, la que pinta, déjate ver" decía el soldado, decía el viento y la naturaleza con lenguaje que aún se podía oir...
Sucedió que se hizo tristeza el semblante del tiempo: cada día era un Nudo Gordiano sin pies ni cabeza.
Las mañanas dejaron de significar, en más de una ocación no se cumplió el deber: cada pase era un Día de Reyes en el curso de un mes. Todo era Josáh, que bailaba a la noche una orgía pagana estallando en la piel; todo era Josáh, la que pinta, bailando el amor.
Pero el mundo da vueltas y todo regresa a su cauce: ya no era soldado, y Josáh se escondió en su país. El que fuera soldado volvió a carpintero, a ingeniero de minas o quizás boxeador, aunque nunca regresa completo el soldado a su casa. Entre días y ruídos se hallan recuerdos, se revuelven gavetas, se somríe al ver objetos como un tiempo que se ha repartido en papeles y fotos.
"Josáh, la que pinta, déjate ver" decía el soldado, decía el viento y la naturaleza con lenguaje que aún se podía oir...
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¿Soneto?
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Se sabe nada todavía, te digo, Sócrates: poco ha caminado el mundo. De tu ciudad viejísima de vino a la mía de hierro hay un segundo.
Hemos seguido hablando con sus frases -damos saltitos en la noche, a veces-. Cualquier materia extraña se deshace en la simpleza humilde de los peces.
Llegamos a la luna, nos matamos, leemos diarios, somos enemigos y no se sabe aún por dónde vamos.
La energía nuclear no es buen testigo de que se sepa más que tú, mi hermano. Se sabe nada todavía, te digo.
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En mi país
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Los insectos, los ratones y las ratas darán brincos por las calles y serán aplastados por los autos que pasan con velocidad por las desiertas avenidas de mi país.
En las casa que son altas habrá luces que se encienden y se apagan, gentes que aman y trabajan, sólidos misterios siempre para uno que pasa por debajo, en mi país.
-Levántate que vamos al doctor -dice una voz. -Levántate que tienes que estudiar -dice otra voz. -Levántate, vamos a trabajar -dice otra voz. -Levántate, te toca ya el fusil -dice otra voz.
-Son las seis de la mañana, hora de tomar café. -Vete a la panadería y trae el pan después. -Son las seis de la mañana, ven y mira el amanecer. -¡Déjame dormir tranquilo, que ya lo veré! -Son las seis de la mañana, te va a pasar como ayer, que te quedaste dormido y se te fue el tren. -Son las seis de al mañana y la escuela queda allá. No lo pienses más, muchacho, te van a regañar.
Las mujeres y los hombres estarán terminando de amarse ahora. Debe ser por la mañana y deben quedar algunos dentro de sus casa, por el frío, en mi país.
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Martianos
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Yo soy un grano de arena, una hoja más en un árbol y cada ola me enseña y cada brisa trae algo.
No he visto todas las tierras, no he visto todos los mares, pero he sentido la guerra silbando por todas partes.
Cuando nací me dijeron: naciste por la esperanza. Así le digo a mi hijo y parto hacia la matanza.
Quiero que pare la muerte, yo quiero que pare el frío para poder dedicarme a flor, a viento y a río.
El mundo me dio las manos, dos reinos que hacen suerte. Llevo una flor en la diestra que es el reino de la muerte.
De amor yo vivo y de espada, de boca y puertas abiertas. Hay que vivir de una bala. Hay que morir de una fiesta.
Qué duras son esas noches en que queremos ser buenos y hay que matar sollozando y hay que morir sonriendo.
(1969)
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La alegría
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No queda nada que pueda querer no queda nada que pueda desear He conbinado la sal con la miel he conseguido más de lo normal
Ni una alegría yo voy a buscar mi alegría es de humo y fragor No está ni arriba ni abajo ni atrás Quizás delante tras otro sudor
Mi sonrisa no está en la yerba ni en el viento mi sonrisa no está en la luna ni en el mar mi sonrisa no está en un cuerpo de mujer mi sonrisa no está en el día (ni siquiera está en la alegría)
Mi alegía está dentro de mí mi alegría sale sin querer mi alegría es lo que hay que decir mi alegría es lo que hay que saber
Mi sonrisa no está en la yerba ni en el viento mi sonrisa no está en la luna ni en el mar mi sonrisa no está en un cuerpo de mujer mi sonrisa no está en el día (ni siquiera está en la alegría)
No queda nada en la tierra y el mar que no haya hecho a mi cuerpo feliz No queda nada que pueda buscar y sin embargo no empiezo a vivir
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Al venir hacia acá
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Al venir hacia acá iba mirando el color de la acera. Era gris, como siempre, algo sucia y gastada. Tambien conté las grietas y había cuarenta y tres nidos de hormigas.
Al venir hacia acá iba escuchando el sonido del aire. Era confuso y mezclado en camiones y puertas. La gente se besaba y había ruidos sin nombre ni apariencia.
Al venir hacia acá iba lentamente, como una ceremonia secreta del camino. Al venir hacia acá iba sonriendo, tranquilo y poderoso como cualquiera que anda.
Al venir hacia acá iba tocando la piel de algún árbol. Eran húmedas, suaves (eran pieles de árbol). Tambien corté unas hojas para soltarlas al aire de la noche.
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A quien pueda interesar
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¿Cómo andan, hola, que tal? (a quien pueda interesar) ¿Cómo andan, hola, que tal? ¡soy feliz de regresar!
Ahora heme aquí, entre ustedes en la vida otra vez. Ahora heme aquí, con un poco de agua fría en los pies. Ya regresé y el que quiera puede ya sonreír, el que quiera puede irse a llorar, y al que quiera puede darle igual.
Estoy hablando a quien pueda interesar, pero ante todo tengo que ordenar mis cosas. Es que he traído demasiados documentos sobre el mar, es que he traído demasiada inspiración. Estoy hablando a quien pueda interesar, pero ante todo tengo que coger respiro. He de llenarme nuevamente de las cosas, de la gente, antes de hacerme aplaudir o censurar.
¿Cómo andan, hola, que tal? (a quien pueda interesar) ¿Cómo andan, hola, que tal? ¡soy feliz de regresar!
Ahora heme aquí, entre ustedes en la vida otra vez. Ahora heme aquí, con un poco de agua fría en los pies. Ya regresé y el que quiera puede ya sonreír, el que quiera puede irse a llorar, y al que quiera puede darle igual.
Estoy hablando a quien pueda interesar, pero ante todo abrazo a mis amigos, a alguna muchachita que se muestre amable en el saludo, a la familia, a los vecinos y demás. Estoy hablando a quien pueda interesar, pero ante todo estoy besando el suelo. Como se puede ver, regreso con color en las mejillas - y si pudiera verse el alma habría más -. Me regocija verlo todo junto otra vez, para vivir un poco más allá, para morir un poco más también.
Estoy hablando a quien pueda interesar, a-quien-pue-dain-te-re-sar.
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Una vieja visión
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No se engañen mis amigos. La figura de mis sueños no la he dicho, no he contado una vieja visión. Es un niño con un rostro donde puede encontrarse una risa más vehemente que el pasado y la fe.
Su sonrisa ha de ser de absoluto poder. Su sonrisa ha de ser de ventana solar. Su sonrisa ha de ser su conquista mayor. Lo veo jugando en la yerba brillante, regocijado, barriendo soldados con una ramita, regocijado, tumbando cañones con una pelota, regocijado. Y entones, con una mano limpia, toma un montón de tierra para olerla bien. Sus ojos se cierran satisfechos y llena sus pulmones de aroma de la selva.
Pasa una gaviota perdida del mar y un dedito señala el camino veloz. Truena una tormenta, amenaza llover. La risa aparece esperando la lluvia. Regocijado, se tiende con todo su universo. Regocijado, se moja y aplaude el sonido de nube. Regocijado. Escampa con todos los colores y el niño ha bostezado mientras baja el sol. La tarde no hunde su sonrisa. Pronto será mañana para continuar. No tiene que ir a casa. Su casa queda allí.
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Después que canta el hombre
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Después que canta, el hombre queda solo, solo en la soledad de su cabeza, solo en la soledad de las butacas y una mortaja de aire hace silencio. Sabe que ahora, de pronto, se hace luego, aunque después que cante quede ciego.
Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo. Qué no sabrá del abandono la guitarra.
Después que canta el hombre queda solo, pues cada uno regresa a sus pisadas. Le dejan las palabras en la alfombra. La hora de la palabra fue la escena. Sabe que ahora, de pronto, se hace luego, aunque después que cante quede ciego.
Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo. Qué no sabrá del abandono la guitarra.
Después que canta, el hombre queda solo, sobreviviendo a igual incertidumbre. Pero de nuevo ordena sus conciertos como un ágel postizo que insistiese. Sabe que ahora, de pronto, se hace luego, aunque después que cante quede ciego.
Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo. Qué no sabrá del abandono la guitarra.
(1969)
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Boga-boga
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Por el día o por la noche el pescador sale a la mar. La mar no le ha puesto horario aún de navegar.
Boga, boga, boga, vuelve a bogar. Boga, boga, boga, a trabajar.
Por el día o por la noche el pescador y su piel llevan red, llevan anzuelo y más: llevan deber.
Boga, boga, boga, vuelve a bogar. Boga, boga, boga, a trabajar.
Pasan las horas, pasan días y se cuentan por meses. Y su alegría y su tristeza la conocen los peces. De entre sus manos ve venir cada rincón del porvenir: el rostro de la novia, la mamá o el que nació el mismo día en que él partió.
Entonces jura que ahora sí que va a vivir, entonces jura que más nunca va a salir, que esta vez sí es la última en el mar. Y pasa el tiempo y no ve el día de volver. Y pasa el tiempo entre peligros, sin mujer. Y pasa el tiempo que no deja respirar.
Pero la tierra se acaba cuando vuelve el pescador, por eso regresa siempre al mar, su gran amor.
Boga, boga, boga, vuelve a bogar. Boga, boga, boga, a trabajar.
Y va de océano en océano con su anzuelo, con su red. Caiga el rayo o sople el viento, allí es donde se ve.
Boga, boga, boga, vuelve a bogar. Boga, boga, boga, a trabajar.
Nadie sabe cómo sueña, cómo sueña un pescador: cada vez que cobra presa, allí viene su amor.
Boga, boga, boga, vuelve a bogar. Boga, boga, boga, a trabajar.
El pescador lleva a bordo una palma y un amor. El amor lo hala del fondo, la palma del corazón.
Boga, boga, boga, vuelve a bogar. Boga, boga, boga, a trabajar.
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Hombrediablo
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Hombrediablo es mi amigo más genial, Hombrediablo es más que sensacional: bebedor, bravucón y además seductor.
Conocí al Hombrediablo en la niñez, cuando aún yo no tomaba ni café. Él ya entonces andaba a su sazón, tenía citas y hacía alardes de matón.
Tenía mujer y yo tenía que estudiar; tenía mujer y yo tareas que acabar. El crecía en el barrio de Colón y yo en medio del Dante y Platón.
Siempre admiré su situación frente al amor; siempre admiré sus puñetazos al mentón. Hombrediablo es mi amigo más genial, Hombrediablo es más que sensacional.
Hombrediablo hace apuestas en alcohol, siempre gana porfía el bebedor. No se deja atrapar por un amor porque vive a la salva de su honor.
Se ve muy bien con su tupé, con su dril cien; se ve muy bien con su bigote a lo francés. Los domingos se va al cine en procesión con su novia, que espera en un sillón.
Se ve muy bien aunque está madurito ya; se ve muy bien: siempre ha sabido no sudar. Hombrediablo es mi amigo más genial, Hombrediablo es más que sensacional.
Cuando a veces nos vemos por ahí, me aconseja que me lance a vivir; me da el número de alguna mujer, porque a un socio él le sabe resolver.
Me cuenta así sus aventuras de Don Juan; me cuenta así mientras mi envidia crece más. Siempre huele a lavanda o a mentol y se pule las uñas con alcohol.
Me dice adiós. Yo me conmuevo al verlo ir. Me dice adiós y siempre pienso "eso es vivir". Hombrediablo es mi amigo más genial, Hombrediablo es más que sensacional.
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Puedes matarme, si lo prefieres
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Me empieza a incomodar que te lamentes como si fueras un pajarito abandonado a la merced de mí. me empieza a incomodar que lloriquees irremediable. El que te vea va a pensar que te asesinan.
Sé que te estoy destrozando, sé que te estoy extinguiendo tanto que tu tamaño ya no se ve; sé que en un dedal ya bailarías, que en una simple gota de agua podrías ahogarte. Ya sé todo eso. No me lo tienes que decir, no.
Así le decía mi impulso a mi inteligencia una mañana de cualquier día, de cualquier mes. Era una conversación chistosa, como ven, como de fábula muy camp. Qué bobería, dirán ustedes, pero no me lo tienen que decir: ya lo sé.
Ya me molestan tus griticos, tu poesía, tus alimañas, ya me molestan tus pasiones retorcijadas, inexpugnables. Ya me molesta tu equilibrio de pacotilla, rabiando siempre. Ahora yo cojo la batuta y sigo piano piano piano. Si no te gusta, no me llores. Puedes matarme, si lo prefieres.
Sé que estás inconsolable, sé que te haces la tragedia griega, sé que te lloras a tí, no a mí. No te voy a dar ningún pañuelo porque enseguida pides otro y luego otro. Ya sé todo eso. No me lo tienes que decir, pero no.
Así le decía mi impulso a mi inteligencia una mañana de cualquier día, de cualquier mes. Era una conversación chistosa, como ven, como de fábula muy camp. Que bobería, dirán ustedes, pero no me lo tienen que decir: ya lo sé.
Ahora me toca desquitarme, regocijarme, alimentarme. Ahora me toca coger fresco, tomar helado, guardar silencio. Ahora me toca la guitarra, las armonías, las mentiritas. Ahora yo cojo la batuta y sigo piano piano piano. Si no te gusta, no me llores. Puedes matarme, si lo prefieres.
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Suave niña
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Suave niña, mía desde que lo que sueño es tu verdad, tu presencia es irrompible por su suavidad. Suave niña de anatomía que es capaz de asesinar, parte tu deseo en dos y dame una mitad.
Mi suave niña de memoria, estás durmiendo en mi tacto; mi suave niña de memoria, estás rompiéndome las sienes; mi suave niña de memoria, estás llevándome por una carretera larga, como a un aro de rodar.
Oh, suave niña, suave niña; niña suave y mía.
Suave niña, estoy buscando nuevos nombres para tí: ya he gastado todos los susurros que aprendí. Suave niña, me has convertido en un objeto de colgar: soy una repisa en tus salones de cristal.
Mi suave niña de memoria, estás sirviendo de alcancía; mi suave niña de memoria, estás guardando mis tesoros; mi suave niña de memoria, estás ardiendo entre mis manos invisibles que recorren, ambiciosas, tu espejismo.
Oh, suave niña, suave niña; niña suave y mía.
Suave niña, podrás no recordarme en todo un día feliz, pero sé que soy inevitable al dormir. Suave niña, niña de suave melodía con que amar, suavemente suave, niña de mi suavidad.
Oh, suave niña, suave niña; niña suave y mía.
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Navegando hacia el este
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Navegando hacia el Este está la ciudad de lso recuerdos, rara población de oscuridad. Navegando hacia el Este está su perfil de joyería, con una trastienda de cartón
Yendo hacia el Este llegué peregrinando, llegué palideciendo. Yendo hacia el Este crucé su umbral silbando, crucé su umbral oyendo. Y así, silvestres, aparecieron cien mil visiones en las esquinas, en las tabernas, en las mujeres, como guardianes desiertos.
Navegando hacia el Este está la ciudad de cien cabezas y en cada cabeza estaba yo. Navegando hacia el Este está su gobierno de colores, aunque el arcoiris no va a Dios.
Yendo hacia el Este puede verse el país de nunca jamás. Allí los hombres nunca llegan a niños, se mueren al nacer. Ciudad de trampas y cacerías muy silenciosas. Ciudad fantasma de perros grises y manos muertas. Ciudad con sangre de cruces.
Navegando hacia el Este está la ciudad de un camino que parte y regresa siempre atrás. Navegando hacia el Este está la ciudad de la locura, como un alarido de dolor.
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Has sido echado
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Has sido echado del cuerpo a patadas, cuando más cerca te hallabas en reposo. Has sido echado del abrazo a patadas, cuando el calor comenzaba a resultarte mejor. Has sido echado del techo a patadas, cuando empezaba a servirte para el frío. Has sido echado de la calle a patadas, cuando empezó a ser abrigo el frío colgando del sol.
Has sido echado del polvo una vez y al polvo vuelves más tarde. Vas repartido en miserias de animal y en ciertas risas también. Así, de cerca, pareces un señor con una altura de mito, pero mirando de lejos puedo ver que hay nubes entre tus pies.
Has sido echado de todos los sitios, cuando este mundo comenzaba a contraerte. Has sido echado del mundo a patadas, a golpes suaves de vida, a caricias de amor. Ahora te echas de ti a patadas, pegas tan fuerte que vuelas de ti mismo. Guardemos pues la carrera de bala, que mientras te estén echando no va a parar la función.
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El rey de las flores
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Al Rey de las Flores lo conocí por la tarde, hace algún tiempo. Me llamó la atención su tono de arcoiris en la piel y su corona de papel.
El Rey de las Flores tiene su pueblo en un bosque muy remoto, dos pulgadas detrás del sol. Cada inquilino en una flor y en cada piso está el amor.
El Rey de las Flores tiene lagartos que cantan de salto en salto; tiene batallones de abejas chiquitas y arañas, babosas y aves bonitas.
El Rey de las Flores trabaja y trabaja, su pueblo también trabaja. Derrumba los bosques de hierba, tan altos. Navega en los charcos de agua del campo.
El Rey de las Flores tiene sus fábricas dentro de la tierra. Cada obrero hace una flor que en primavera crecerá; si no, una mosca los lloverá.
Sobre los floridos campos del Rey de las Flores veo a mi hijo y llamándolo hay una voz: quedó partido en dos mitades por una bomba que cayó.
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Palabras
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Cuando se ande descalzo, paso a paso de viento, cuando venga del polvo la ciudad destruida, que alguien cante una estrofa a las manos de un muerto, que alguien diga algún verso a su espacio de vida.
Puede ser que sus restos no se distingan en la ciudad, que la perfección de la piedra no luzca piel. Puede ser que su sangre no mueva una astronave, puede ser que sus huesos no sirvan para torres, puede ser que una estrella brille más que su voz. Ha pasado que el llanto se convierte en palabras, ha pasado que un hombre se convierte en palabras, palabras, palabras, palabras a granel.
Cuando la muerte sea incanzable y rara, cuando un mohoso grillete repose en la vitrina, que se dé a cada hijo una flor y una bala, que se sepa que el mundo va sembrado de vidas.
Se sabrá que este ir y venir de piedras no se quedó, que una lluvia lejana fue a mojar la ciudad. Fijaremos con clavos las ventana, los sueños, los pedazos de tierra, la limpieza y el lodo, las guitarras, las sillas, las piedras y el amor. Porque ha pasado que historia se convierte en palabras, ha pasado que el mundo se convierte en palabras, ha pasado que todo se convierte en palabras, palabras, palabras, palabras a granel.
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El matador
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Siento un hilo profundo que atraviesa el espacio -de tiempo en tiempo llega despacio-. Siento olor de llanuras llenas de peregrinos -la llanura se llama camino-.
Siento de pronto el gusto de un raro mineral, me siento a veces hombre y muchas animal. Se confunde el deseo de calentar la piel con rugidos lejanos que recuerdan mujer.
Y en una playa angosta caen del cielo estas reminiscencias de veneno. Yo no sé, pero hay días sin reposo que lo que tenga cerca lo destrozo muy primitivamente, casi salvajemente, con odio, con desprecio, con rencor, con palabras hirientes, con garras y con dientes, con rabia, con violencia, con horror.
Le he cantado a la muerte como nadie con vida, mas yo dijera siempre: querida. Junto a cada palabra hay cuerpos de millones y los maté yo mismo: perdonen.
A veces se me olvida que mato por vivir y olvido los entierros y no quiero dormir. El día que me acusen no me defenderé: esta culpa es muy vieja, de todos la heredé.
Y en una playa angosta caen del cielo estas reminiscencias de veneno. Yo no sé, pero hay días sin reposo que lo que tenga cerca lo destrozo muy primitivamente, casi salvajemente, con odio, con desprecio, con rencor, con palabras hirientes, con garras y con dientes, con rabia, con violencia, con horror.
(1970)
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Cuando me muera
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Cuando me muera, si es que me muero, pueden cerrar la luz. Si aún es necesario, bájenme a buena tierra -sin cruz-, para seguir teniendo la misma suerte con menos sed, para ver los amigos que hace algún tiempo quisiera ver.
Cuando me muera, si es que me muero, pueden jugar así: que alguien me haga cosquillas a ver si lo puedo resistir. Otro puede inventar que me gustaría una canción, y la mujer que quiera, que juegue a hacerse la que me amó.
Cuando me muera, si es que me muero, no iré con Dios ni con Satán. Me iré conmigo a buscar más cosas a otro lugar, pues tanto el cielo como el infierno me sientan mal.
Cuando me muera, si es que me muero, déjenme como éste: mejor que no me vistan ni me afeiten para después. Es muy posible que ande con un mecánico de ocasión, un caja de fósforos ya vacía y una canción.
Cuando me muera, si es que me muero y estoy con todos bien, si ando muy complaciente, cebado y con algo que perder, hagan lo que les plazca con lo que quede entonces de mí, porque no me interesa lo que le pase a un señor así.
Cuando me muera, si es que me muero, no iré con Dios ni con Satán. Me iré conmigo a buscar más cosas a otro lugar, pues tanto el cielo como el infierno me sientan mal.
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Y yo te di una flor
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Tú me ofendiste profundo y yo te di una flor tú me escupiste el rostro y yo te di una flor tú me amarraste las manos y yo te di una flor tú me pateaste el pecho y yo te di una flor tú me arrojaste al fuego y yo te di una flor tú esparciste mis cenizas y yo te di una flor te di una flor colorada y brillante te di una flor para siempre encendida te di una flor te di una flor te di una flor te di una flor radiactiva
tú te burlaste de todo y yo te di una flor tú exterminaste mis hijos y yo te di una flor tú me borraste hasta el nombre y yo te di una flor tú silenciaste mi rastro y yo te di una flor tú me redujiste a nada y yo te di una flor tú respiraste apacible y yo te di una flor te di una flor colorada y brillante te di una flor para siempre encendida te di una flor te di una flor te di una flor te di una flor radactiva.
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En 226 páginas se reúnen 62 canciones ?textos y partituras? concebidas a bordo de las naves Playa Girón y Océano Pacífico entre el 26 de septiembre de 1969 y el 28 de enero de 1970. En aquella travesía de cuatro meses y dos días, en uno de los cuales cumplió 23 años de edad, el popular cantautor cubano, además de aprender rudimentos de navegación y otro tanto de técnicas de pesca, escribió un cuadernillo de poemas, alguna narración, estas Canciones del mar que ahora aparecen en cuerpo de libro, y leyó poco más de treinta títulos, "desde La Amortajada, de María Luisa Bombal, hasta un Cien años de soledad, que saboreaba por tercera vez"
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